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Rasgos Geográficos
Malargüe es el
departamento más grande de la provincia de Mendoza. Su superficie es
similar a la de todo Tucumán
41.500km2.
Y por su ubicación cordillerana alcanza una altura de cerca de 1.400
m sobre el nivel el mar.
Ambientes del departamento de Malargüe
Es difícil hablar de Malargüe sin
tener en cuenta desde el punto de vista natural dos componentes
importantes: sus formas del relieve y el agua. Estos dos componentes
han modelado e influido significativamente no sólo la riqueza
paisajística sino la vida de quienes eligieron esta tierra para
vivir y disfrutarla.
Pero es quizás el modelado de su
territorio, es decir, su relieve, lo que más impacta a primera vista
a cualquier visitante, la imponente Cordillera Principal, los
numerosos valles y quebradas, el inigualable campo volcánico de La
Payunia, la planicie central que culmina en la Laguna de Llancanelo,
entre otras geoformas.
La Cordillera Principal (único
cinturón de montañas que separa al departamento del Chile), es en la
historia geológica de Mendoza y Argentina, la más joven ya que
comenzó a formarse hace unos 65 millones de años. Con una altura
promedio de 3.500 metros de altura, alberga numerosos valles
glaciarios y fluviales con una riqueza hídrica muy importante para
la provincia, como las cuencas de los ríos Salado, Grande y
Malargüe.
Este macizo montañoso alberga
jóvenes volcanes que funcionan como reservorios de glaciares y de
nieve. Entre éstos se pueden mencionar el conjunto volcánico
Planchón- Peteroa- Azufre; Descabezado Grande, Azul, Quizapu, entre
otros. Los registros volcánicos confirman la presencia de
erupciones desde 1500, no obstante, existen evidencias de una
actividad muy anteriores a esta fecha.

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A modo de ejemplo, y como testigos de
esta actividad, pueden mencionarse la presencia de de cenizas (tefra)
en diferentes sectores del departamento debidas a la erupción del
Quizapu en 1932, que cubrió con cenizas gran parte del sur de
Mendoza y otras provincias. |
Desde el punto de vista climático,
está dominada por masas de aire provenientes del Océano Pacifico,
que generan en invierno precipitaciones níveas que alimentan las
cuencas hídricas mencionadas. En verano y dependiendo de la
intensidad de las masas de aire, recibe los vientos húmedos del
Atlántico que aportan lluvias torrenciales, provocando crecidas
en los arroyos y ríos que descienden de las quebradas montañosas y
el piedemonte.
El clima, el tipo de relieve, y los
suelos influyen en el crecimiento de la vegetación, adaptada a las
condiciones de altura, bajas temperaturas y sequedad del ambiente.
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